Los recientes ataques contra el proceso de paz urbana en Medellín y el Valle de Aburrá no son inocentes ni desinformados: son una estrategia política deliberada de la derecha para hacer proselitismo y fidelizar votos desde el miedo, la estigmatización y la mentira.
Durante casi tres años se ha construido, con enormes esfuerzos, un camino serio hacia el desescalamiento de las violencias urbanas en Medellín y en Valle de Aburrá. Hoy, ese trabajo está siendo instrumentalizado por sectores de la derecha que prefieren sabotear la paz urbana antes que reconocer avances que no les convienen electoralmente.
Lo que hemos visto en los últimos días es una andanada de ataques que buscan deslegitimar el proceso, sembrar desconfianza en la ciudadanía y reinstalar la narrativa de guerra como herramienta política. No les interesa la vida ni la tranquilidad de los territorios; les interesa consolidar su caudal electoral que pocas ganas tiene de salir a votar cuando ven que están perdiendo, porque están acostumbrados a ganar y cuando pierden como con Gustavo Petro a desconocer y sabotear al gobierno.
Rechazo de manera contundente el uso politiquero de la paz urbana. Es inaceptable que actores políticos de Medellín y Antioquia desconozcan el derecho fundamental a la paz y utilicen la estigmatización como mecanismo de campaña.
La paz no puede ser rehén de cálculos electorales. Defenderla hoy es también desenmascarar a quienes pretenden convertirla en un blanco polítiquero.
Seguiremos firmes, porque la paz urbana no es de un gobierno ni de un sector: es un derecho de la gente y una necesidad urgente para los territorios, habitar una Medellín un un Valle del Aburrá en paz ya no es solo una lucha de organizaciones sociales y populares sino una apuesta real de un gobierno comprometido con las clases populares.

